Hubo una vez un hombre cuyo infortunio era ser un mendigo. No tenía hogar, ni cama para dormir en la noche. Las únicas ropas que tenía eran los harapos que usaba sobre la espalda. Acostumbraba a viajar de pueblo en pueblo y de casa en casa, pidiendo a quien veía un poco de comer. Pero pasó una mala racha y durante casi una semana no pudo conseguir nada. Trató por todos los lados, pero no recibió nada. Se debilitó tanto que hasta tenía problemas para levantar sus pies, y dar el siguiente paso.

         Una noche, mientras vagaba por un callejón, de repente tropezó con un hombre muy viejo, endeble y absolutamente débil. No tenía otra opción sino hablarle al sujeto, pues lo había pisado.

         -Siento mucho haberlo perturbado-dijo el mendigo.

         -No importa, de todos modos no me queda mucho tiempo en esta tierra- el anciano replicó-. Estoy muy hambriento y estoy muriendo. No he tomado alimento por largo tiempo.

         Ahora el mendigo estaba también terriblemente hambriento y débil, y no sabía qué hacer. Pero se sintió tan preocupado por el anciano, que sintió que recobraba un tanto la fortaleza. Se inclinó, echó al anciano sobre sus hombros y se digirió con él al pueblo. Le dijo:

         -No se preocupe, no se preocupe. No morirá por falta de comida. Lo resolveremos.

         Así que el mendigo cargo al anciano por las calles de ese pueblo y empezó a gritar:

         -¿Hay alguien que desee ayudar a este anciano y a mí?

         Muchas gentes salieron de sus tiendas y casas para ver que causaba ese ruido. Vieron que el mendigo estaba muy débil y hambriento; a pesar de esto, lo vieron cargando a alguien que estaba muy enfermo y aún más débil y hambriento. Estaban impresionados por sus acciones, y un hombre y una mujer muy bondadosos abrieron las puertas de su casa y metieron a ambos hombres, les dieron alimentos y los asistieron.

         Pasados cuatro o cinco días, ambos se sentían tan bien como nuevos. Una mañana el mendigo miró al anciano y le dijo con una gran sonrisa:

         -Muchas gracias.

         -¿Por qué me da usted las gracias?- dijo el anciano muy sorprendido-. Es usted al que debe agradecérsele. ¡Usted salvó mi vida!

         -Había tratando de encontrar algo que comer en algún lado durante una semana completa. Errando de un pueblo a otro, a través de cientos de callejones donde no había nada, y me puse muy triste y débil. Pero cuando lo cargué por las calles, todo el mundo se preocupó. Gracias a usted conseguí toda esa mantequilla y pan tostado y todo. ¡Muchas gracias!

         Así que solo recuerden que cada vez que tengan un trabajo que hacer, díganse a sí mismos que están  trabajando para servir y ayudar en el Nombre de Dios. Y se sorprenderán, a pesar de cualquier problema y obstáculo, ¡Tendrán éxito!

Yogui Bhajan

Sobre Kartar

Más de cuarenta años aprendiendo, practicando y sirviendo a la comunidad las Enseñanzas de Kundalini Yoga según nos entregó nuestro Maestro Yogui Bhajan.

Cientos de estudiantes completaron nuestro Curso de Formación de Instructores y están dando clases por el mundo.

Muchas vidas han sido beneficiadas por un estilo de vida más sano y feliz. Si eres un alma predestinada a escuchar la Llamada, estaré contento de cumplir con mi deber y trabajo de ayudarte en éste Camino.

Recibe el primero las entradas del blog

Gratuitamente leerás las reflexiones y comentarios sobre las enseñanzas del Kundalini Yoga y la Dharma. Una mirada única fruto de la experiencia prolongada.

Suscríbete

Otras entradas

Eventos

Por favor acceder para comentar.