EXISTE UNA HISTORIA MUY BELLA en los Shastras acerca de la interacción de estos elementos cósmicos del Íntimo con los elementos microcósmicos del íntimo. Había un dócil y humilde sadhak (persona en el camino espiritual). En sus viajes, él aprendía de cada maestro con el que se encontraba. Sus primeros cinco maestros fueron los cinco tattvas (elementos densos) en el universo: Madre Tierra, viento (aire), cielo (éter), agua y fuego.

Primero aprendió de la Madre Tierra. Justo como el primer maestro de un niño es su madre, la Madre Tierra le enseñó al sadhak. Ella le enseñó la lección del perdón. Puesto que, aunque el hombre apila montañas de desperdicio y contaminación sobre la Madre Tierra, ella le da de regreso alimentos y minerales valiosos sin los cuales el hombre no podría sobrevivir. Él aprendió la lección de que a pesar de todo el abuso, la crítica y la negatividad que reciba del mundo exterior, él debía dar el beneficio de su poder espiritual, su conocimiento de ser y su perdón bondadoso.

El viento le enseñó a estar desapegado. Constantemente, él debía estar en movimiento para alcanzar a tantas almas maduras como fuera posible. El viento es sutil, no es perceptible al ojo. Las maneras del sadhak deben ser sutiles, no un libro abierto para que todos lo lean. Él debe ser un místico, que viva en las profundidades del espíritu, no en la superficie de la existencia.

El cielo, el cual abarca todo, le enseñó a mantenerse puro e inmaculado, y le enseñó la sutileza. Ya que el éter es el elemento más sutil de los cinco elementos densos. De manera similar, el Ser también es sutil. Las nubes del cielo únicamente parecen colorearlo. En realidad, siempre es azul. La sucie- dad de esta vida únicamente parece manchar el alma. En realidad, el alma nunca se puede manchar por nada.

El agua le enseñó a estar sereno y a ser compasivo con otros, y le enseñó a lavar y a purificar a todos aquellos que se pusieran en contacto con él. Así como el agua siempre está fluyendo, el sadhak debe fluir y progresar continuamente, sin nunca estancarse.

El fuego fue su quinto maestro. El fuego es brillante. Un sadhak debe quemar con la iluminación espiritual para purificar los pecados y las impure- zas de la gente que llega a él. El fuego aleja el frío, y proporciona calidez y calor. Así también, el sadhak debe alejar el miedo de la gente y el temor de la ignorancia, y darles aliento y consuelo espiritual.

Él se convirtió en el más grande de los maestros porque, conscientemente, relacionó sus esencias inconscientes —la influencia poderosa de sus cinco elementos— con estos cinco maestros del universo correspondientes.

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