"La muerte de un maestro espiritual es cuando piensa que él es un maestro espiritual. La vida de un maestro espiritual es cuando él piensa que es un sirviente del maestro espiritual, el cual le fue otorgado. Tu sirves la causa y el principio como tu dentro de ti para otros. ¿Comprendes? Toda la gente espiritual se vuelve ciega, falsa, absolutamente idiotas, porqué ellos piensan que son espirituales. El simple pensamiento de ser humano y pensar que eres espiritual es totalmente errar tu bondad hacia Dios y volver atrás; tu te vuelves egomaniaco"
Yogui Bhajan, Abril 14, 1988.
Comentario de Kartar
Uno empieza con las practicas de técnicas orientales y comienza a leer sobre sus filosofías. Empieza a tener nuevos conocimientos y experiencias que se entremezclan con la anterior cultura y educación. Nos lleva a un «batiburri» que habitualmente no podemos digerir y metabolizar.
Algunos incrementamos nuestro vocabulario con palabras como «karma«, «chakras«, etc. Y utilizamos nuevas expresiones como «siento que tu karma me afecta y se alteran mis chakras», «en mi sadhana he escuchado al maestro interior y me ha dicho que deje el trabajo», etc. La mezcla de lenguaje mundano «de toda la vida» con descripciones de estados de consciencia elevados internos provenientes de conocimientos de yoguis de la antigua India, nos lleva cuando menos a un espectáculo digno de vivir en lo que denominamos algunos la «Era de Acuario».
La Enseñanza nos dice «hemos venido a ser seres humanos no seres espirituales». Ya eramos espíritus antes de nacer, encarnamos para tener la experiencia de ésta dimensión sosteniendo el propósito del alma. La mente entrenada en el Conocimiento es una compañera para servir dicho propósito, o por el contrario, es entrenada en la ilusión de la tierra y un camino impermanente.
Las falacias del Camino son más sutiles en la etapas posteriores a los inicios, la confusión entre los nuevos términos y la experiencia propia difieren, son un desafío enorme para el estudiante y «profesor». La imaginación y memoria del pasado acaban por apropiarse los conceptos e ideales como si fueran una realidad vivida, siendo solo eso, un ideal por alcanzar y entender todavía. El ego no puede aceptar que no sabe, no puede capturar la Verdad de los yoguis.